REGALOS
Me estremezco
verso a verso
andando sobre tus campos,
grano a grano,
tierra a tierra,
polvo de tus despertares,
de tus sueños y letargos,
de amores florecientes
al calor de tus manos,
frutos de ayer,
madrigales de lirios
trotando
sobre tus prados.
¡Vértigo! de asomarme
al balcón de tus recuerdos,
a tus mañanas y amaneceres,
a tus ocasos, a tus caricias…
a tus lágrimas grabadas
en la retina a fuego,
porque en ese instante en la mirada
un verso es una vida,
y tu vida me regalas
cada vez que me miras.
A UNA HOJA DE PAPEL
Porque sólo tú eres testigo
de las palabras de amor
que dos amantes a escondidas se mandan,
de sus desengaños amorosos
causantes del dolor,
de unas lágrimas derramadas
sobre tinta emborronada…
Porque sólo tú te llevas
los más ocultos secretos,
citas de amor, que arden
en el más sutil silencio,
llama roja
que convierte la pasión en fuego,
y al final sólo es humo
lo que queda en el recuerdo…
Porque guardas en ti
los versos y rimas creados,
por jóvenes y adolescentes…
por eso me dirijo a ti
en esta noche embrujada
para que me inspires un mensaje,
una palabra, un canto
que haga comprender
al que mi poema espera
que es mi amor, mi vida,
que le estoy amando.
SENTIMIENTOS SILVESTRES
En lo más profundo de uno,
viven sentimientos cautivos
en un pozo de agua dulce,
agua en tierras de otros,
tierras que tienen dueño y nombre propio.
Son pequeños arbustos que nacen en el pecho,
que florecen en tu boca
libres como el viento,
ajenos a contratos o arrendamientos.
Silvestres, como la jara, la lila y el lentisco,
buscan con ímpetu, su trocito de cielo,
pelean con otros su arraigo en el suelo.
A veces, crecen por error
en tierras equivocadas,
sin abonos, sin fertilizantes,
expuestos a las plagas,
nadie los fumiga, los alienta
y aun así, sobreviven:
calmando su sed en tierras de otros
en tierras que tienen dueño y nombre propio.
PULSO ENTRE MAR Y VIENTO
Hoy está la playa salvaje,
los pies descalzos en la arena,
la resaca se lleva mis pasos,
borra mis huellas.
Me gusta sentarme en la orilla
y ver romper las olas,
adivinar lo que sienten,
por qué lloran.
Pierdo la mirada en el mar.
Este mar, que me habla sin palabras
me viene a buscar,
salpica mis pies con rabia.
Creo, que me quiere contar su historia,
una confidencia de amor
que le brota del corazón
y escapa por su boca.
Y mientras, a lo lejos…un barco velero
pone rumbo a otras tierras,
acariciando otras aguas
al tiempo que iza sus velas.
Deja atrás el puerto de Cabo Palos,
sus noches de luna llena,
cuando acariciaba el Mar Mediterráneo
y besaba las playas de Cartagena.
Escucho una voz:
-Todo listo, Capitán. Fuerte viento por la popa.
-¡Amarren cabos, larguen velas…!
Soy testigo, es un pulso entre mar y viento,
el uno tirando hacia fuera, la otra,
hacia tierra adentro.
Comprendo que la mar esté furiosa;
no está dispuesta, a dejar a su amado
a merced de los vientos.
PARA TI
Para ti sueño…
una mirada prendida
en el llorar del sauce,
un anhelo callado
polvo de estrella fugaz,
el latir primero
de un corazón que nace,
y un sorprender
al vuelo
el caer de un jazmín.
Una ternura escudera,
un abrazo eterno,
un mirar sin fin.
Un continuo renacer
a la vida,
un indeleble roce,
un reamar sin reserva
para ti.
Para ti sueño…
…sueño, ser para ti.
EL CIELO SOBRE MÍ
El cielo sobre mí,
y la noche estrellada.
La luna,
centinela de guardia,
custodia este corazón
cautivo,
que al descuido,
abre empalizadas y escapa
con sus alas blancas.
Corre por los verdes valles
y los tiernos prados,
incesante,
busca el apacible arroyo
donde aquel día
se asomaron tus ojos
para beber de sus aguas.
Aguas frescas y cristalinas
donde calmar su sed,
sofocar sus ansias,
donde revivir tu imagen
en esta noche celeste,
en esta noche estrellada.
CELOS DE ELLA
Tú estás ahí acariciando el viento,
inhalando este soplo que preciso
para seguir viviendo.
Te meces en sus brazos,
le rozas con tus labios,
¡cómo envidio el aire que respiras,
todo cuánto miras!
Un horizonte nuevo color esmeralda,
una tierra fértil que abraza tus raíces
cada día más profundas, más felices.
Galanteas con el cálido céfiro
que llega a ti, como suspiro de aliento,
el mismo que me está faltando
el mismo que me está doliendo.
Ahí fuera tú, amando.
aquí dentro yo, sufriendo.
Doliéndome cada brisa que respiras
punzando tus verdes ramas mis heridas.
Tras el cristal te observo…
Hojas grandes y alargadas
verde oscuro a la mirada,
desde aquí abajo descubro
quizás igual que él, tu precioso envés,
gris plata.
-¡Jardinero! ¿por qué le llaman árbol de fuego?
Mejor no me lo diga.
Cumpla con sus funciones y tale la grevilla.
Este roble sedoso
hace sombra en mi ventana,
no deja entrar la luz
ni el aire fresco de la mañana.
SUEÑOS DE MOLINO
Sueña el molino que es buque
sobre mares y océanos,
blancas manchas de óleo
surcando lienzos azules.
Son sus aspas grandes velas
que al contacto con el viento
surcan las aguas añiles
que le apetecen en sueños.
Se aventura mar adentro
cegado en su delirio,
por rozar otra boca
fruto del desvarío.
Y en su quimera la roza,
y en su silencio la besa,
llevando con él sus cruces
las mismas, que en el mar le pesan.
Asoma el alba
y el molino despierta
otra vez con el ancla en tierra
y las aspas secas;
apegado a sus raíces y a sus campos…
de día vive, de noche sueña.
COMO TUS OJOS
Si tuviera en mis manos un pincel,
una paleta y unos lienzos,
no dudaría
en pintar el mar tierra adentro;
en el corazón del hombre que ama,
donde se quedan las huellas
y se graban las palabras.
Allí donde la arena es blanca
y conserva en sus entrañas
la intimidad de amores vírgenes,
la inocencia de furtivas miradas.
Si tuviera los ojos del artista
pintaría para él, marinas agitadas,
bajo los rayos sonrojados de sol;
las mismas que agitan mi cuerpo
y me arrastran hasta sus playas.
Aguas azuladas o verdes,
donde los amores se esconden
y los fuegos se apagan,
como tus ojos, Marina,
que aún parece que me hablan…
DUELE LA MAR CUANDO SE MARCHA
Siempre imaginé
el mar
tierra adentro,
en el corazón
de la persona que ama,
donde las huellas
se quedan
y las palabras se graban.
Océanos de sentimientos
buscando sitio
en tierra firme,
para arraigarse como seres vivos
y echar raíces
como si fueran plantas.
Mares de emociones
que te agitan las entrañas,
mareas,
que zarandean tu cuerpo,
y te arrojan contra las rocas
cuando te bañas.
Lágrimas
que enrojecen tus ojos
por la sal que contienen.
Sentimientos
que al mojarte duelen,
como duele la mirada
en bajamar,
como duele la mar
cuando se marcha.
GOTAS EN EL CRISTALCaían gotas por el cristal de la ventana,
lánguidos caminos de deseos incontrolados,
bajaban len
ta
mente dos mundos enlazados
haciéndose promesas para mañana.
Todavía siento en mí el calor de aquella hoguera
dos cuerpos encendidos vibrando en melodía,
dos almas que desean juntas ver el nuevo día
formando un solo fuego y mientras tanto llueve fuera.
De pronto, casi dormido, te sorprende el crepúsculo
que te ilumina un maravilloso día otoñal,
unos ojos miran el ventanal con disimulo
y ya no llueve, ya no hay gotas en el cristal.
SOMBRAS EN EL CORAZÓN
Está en sombras mi corazón.
Cae sobre el tejado la lluvia
en esta noche fría.
Aporrea con vigor la claraboya,
quiere entrar en mi oscura habitación
bruscamente iluminada
por este haz de luz
que un rayo me regala.
Es sólo un instante,
un destello luminoso que me recuerda
que la vida continúa en otra parte.
…Pero la lluvia sigue ahí,
buscando la fisura por donde colarse.
Está de duelo mi corazón,
pero no dejaré que esta lluvia me moje
trincaré las portezuelas y contendré las lágrimas.
RESPIRACIONES
Hay respiraciones
que dibujan
dunas en la arena
y embates en el mar
con su aliento,
vidas que dan relieve
a paisajes desabridos
creando cerros
donde llanuras,
cordilleras donde valles
con el deslizar
de sus dedos.
Hay sollozos,
que bautizan campos
con sus lágrimas
de labranza,
miradas que retardan
el último albor,
caricias que despiertan
la flor de madrugada…
personas que cantan
al corazón
de la hierba
que se refugian
en las estrellas
y me enamoran el alma.
EL ACANTILADO
Chocan las olascontra el acantilado.
Se estrellan
presas de una fuerza irrefrenable,
un deseo desmedido por querer acelerar
el proceso de erosión;
filtrarse por las grietas y alcanzar,
las zonas profundas e íntimas
del corazón de la roca.
Irrumpir su intimidad un instante,
desaparecer después, dejando una huella
con dulce sabor a sal en su boca.
Son en su encuentro, ímpetu de pasión,
explosión de llanto y desconsuelo.
Fieles, puntuales, algo cambia cada vez
que se produce una cita,
inapreciable a la vista, sensible al ser
que mira el paisaje
con dominio del tiempo, sin prisa.
Tú el acantilado, yo la ola
que muere a tu lado.